Septiembre 2020
Decidí irme a Irlanda de Aupair, no se si me fui por miedo a enfrentar lo que tenia en casa o por que, pero me vine, el día 7 de septiembre cogí ese avión sin saber que me iba a cambiar la vida. El avión despego y yo me puse a llorar, no tenia sentido pero algo dentro de mi me decía que tenia que hacerlo así que lo hice, con el corazón aun roto, con mi obsesión con la comida y el gimnasio en mi cabeza, cansada de mi vida, volé.
Al principio estaba tan feliz, todo nuevo, mi cerebro estaba distraído en aprender ingles, en las novedades, lo que no sabia es que empezaba mi camino a la superación y al aprender a estar sola y a detectar mis problemas...
Empezaba a sentirme rara, pero me decía frases como esta: La vida pasa, solo disfruta de cada momento. Nada es eterno, valora lo que tienes, disfruta y vive feliz con ello. Deja de buscar y empieza a disfrutar, aunque sea del silencio.
Ya sabía que estando en una granja la soledad me acompañaría más de lo que jamás me ha acompañado, me daba miedo pero el hacer cosas nuevas tapaba todos esos pensamientos negativos.
A los pocos días de llegar empecé a buscar gimnasio como loca, en mi mente no cabía que yo dejase de hacer deporte y eso me ponía de mala leche, probé varios gimnasios hasta encontrar uno que me gustó. Pero hasta que lo encontré estuve muy frustrada, quería ir al gimnasio después de cuidar durante 10horas sin descanso a tres niños de muy diferentes edades, estaba muy cansada pero me esforzaba por ir a mover mi cuerpo, encima estaba comiendo comida que yo me prohibía, por lo tanto la ansiedad tardó muy poco en aparecer.
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